Ícaro y el laberinto de la crisis (2)
Casi todos tenemos la seguridad de que la economía española tendrá un desenlace distinto que el vuelo de Ícaro. Pero no es menos cierto que gobiernos y “mercado” fomentaron el desarrollismo de los servicios y de la construcción que ahora estamos pagando.
Que para levantar el vuelo de una economía anclada en el paro y en la baja productividad, se optó por hacer caja vendiendo bienes, activos y empresas públicas, la desamortización moderna.
En aquel empeño, se abandonaron a su suerte sectores tan vitales como la agricultura, la ganadería, los productos de exportación…para centrar los recursos en la especulación y en las actividades e infraestructuras subvencionadas. Resuelto el espejismo, no ha quedado más remedio que rendirnos a los mercados y constatar que ha aumentado la pobreza, que hay más ricos y que se ha instalado en la sociedad un síndrome de insatisfacción, que estará mucho tiempo con nosotros.
Decía H.Welles que “la crisis de hoy será el chiste de mañana”. Desde luego no parece que sea el caso de esta crisis, que ha golpeado y sigue golpeando a millones de personas, que ha logrado poner contra las cuerdas a gobiernos y a países enteros. Una crisis que según todos los analistas irá a peor en España, en Europa y en el mundo y seguirá provocando ajustes dolorosos hasta el año 2012. Dice el catedrático de Estructura Económica, Santiago Niño que “no se trata del colapso del capitalismo, lo que vivimos es un ajuste duro de ese sistema económico que durará diez años, un tiempo similar a la gran depresión de 1930”. Definitivamente, parece que no habrá dinero suficiente para detener esa tendencia.
Aventuran los especialistas que, durante algunos años no será fácil el equilibrio presupuestario de las instituciones; que la inestabilidad del sistema financiero no ha tocado fondo; que habrá nuevas exigencias de los mercados; que con reforma laboral o sin ella el paro seguirá creciendo; que la “desertización comercial e industrial” irá a más; que frente a las formas tradicionales seguirá creciendo el comercio, la actividad laboral, la gestión…“on line”; que será inevitable una reducción sustancial de las prestaciones y de los servicios públicos…en definitiva que todos los factores socioeconómicos tienden a confluir en la posibilidad, cada vez más cierta, de una “asfixia económica de amplias capas sociales, de un dramático aumento de la morosidad, de un crecimiento de los embargos de viviendas y locales sociales…”. Ante semejante expectativa, seguir constatando que las instituciones públicas tendrán una capacidad de reacción cada vez más limitada, debido a su falta de liquidez económica.
Si las cuestiones técnicas parecen tener una cierta hoja de ruta, no lo es así en las de carácter social. Javier Reverte habla de la pobreza moral y pobreza ética, del abandono de principios que se está generando en la sociedad. Otros hablan de un deterioro inevitable en los dos pilares del estado del bienestar, la sanidad y la enseñanza pública, que correrían en paralelo con el descenso de la inversión y el aumento de las ratios de los usuarios…se abre así mismo la evidencia de nuevos recortes de derechos a la población inmigrante, son las llamadas directivas de retorno.
Puede ser cierto que nuestra realidad es la que es, que en los años de bonanza la “satisfacción” era general, pero los verdaderos responsables son quienes provocaron la situación no quienes, como Ícaro, pretenden ahora escapar de la encerrona. No se trata de buscar culpables pero tampoco de permitir que cuando empieza a peligrar el sistema, los de siempre, pretendan pasar la factura o “recoger los efectos personales” para mandarse a mudar. Se trata de buscar también, “otras formas de hacer frente a la crisis”, sin trampas, con justicia, arrimando el hombro de los más fuertes…Esa es la opinión que empieza a oírse en los foros, en la universidad, en la calle y que ha de ser tenida en cuenta por quienes ponen las bases para que salgamos, lo menos mal, del laberinto en que nos ha metido esta crisis.
Ignacio Morán Rubio es director de Gobierno del Ayuntamiento de Telde.
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