Sobre banderas, banderilleros y pendones


El pasado 22 de Octubre, nacionalistas canarios de todas las islas llevaron a cabo distintos actos para conmemorar un aniversario más, ya van 45, del nacimiento de la tricolor con siete estrellas verdes, la bandera que para muchos canarios es el principal pilar de identidad del pueblo que habita este archipiélago. Cuesta creer que algo tan normal, tan propio de una sociedad que asume otras sensibilidades y pensamientos sin tanto aspaviento, haya levantado tanta ampolla. Pero aún cuesta más racionalizar que una bandera que, en opinión de algunos, supuestamente “no representa nada ni a nadie” haya dado tanto que hablar a tantos en tan pocos días. A lo mejor porque en el fondo quienes así piensan, quienes con ese argumento pretenden negar la carga simbólica y política que posee la bandera canaria que más popularidad goza, esconden prejuicios ideológicos, en unos casos muy definidos y en otros difíciles de explicar.

Que existe una bandera que desde 1982 figura como institucionalmente representativa de la comunidad autónoma de Canarias, cierto. Que existe otra que desde su origen en 1964 ha ido ganándose una aceptación popular mayor y presencia constante en gran parte de las manifestaciones culturales, deportivas, políticas y sociales en todas las islas y allí donde un canario quisiera, también. Nadie discute que la bandera institucional es la que es. En todo caso curiosamente sus más firmes defensores son los que andan enfrascados en sí le quitan o lo ponen el aderezo canino, miden el tamaño de los triángulos por igual o los grilletes de los canes van unidos a la corona o los amarran a algún la cinta plateada por detrás. La otra, la popular, no ha tenido más discusión que la que algunos han querido fabricar para intentar ocultarla, reprimirla o reivindicar una propiedad que ya es de aquella mayoría de canarios que, nacionalistas o no, la asumen como un pilar de identidad colectiva de quienes vivimos en esta tierra.

Pero volvamos a los actos. A esos actos que tanto han dado que hablar. En ninguno de ellos hubo desfile de soldados, exhibición de tanques, vuelos rasantes de aviones o caras puestas en escena, ingredientes éstos que algunos creen necesarios unir para homenajear a sus banderas o celebrar su condición de nación. En los celebrados por los nacionalistas canarios estos días los protagonistas fueron gente sencilla, ciudadanos de a pie, canarios unidos por un sentimiento de pertenencia. No hubo ni reyes ni reinas, ni príncipes ni princesas, ni súbditos ni cortesanos. Acudieron aquellos que, queriendo hacer uso de un derecho universal superior al que otorga cualquier constitución nacional, expresaron pacíficamente su pensamiento y quisieron con su presencia manifestar su adhesión a una idea que no es nueva y que cada día que pasa toma más cuerpo; que la tricolor con sus estrellas, se convierta en la bandera oficial y representativa de Canarias. Eso sí apenas hubo cámaras, apenas referencias informativas, porque hay quien piensa que de eso, lo mejor es apenas mentar.

Aún así, por si quedara testigo de ello, aquí y allá, de sur a norte, desde la costa a la cumbre, en las ondas o gracias a ellas, hay quienes han vuelto a colocar aquello de que las banderas son trozos de tela por los que no vale la pena ni polemizar ni pelear; otros, han colocado la perorata de no se qué terrorismo, no se qué verde del Islam, no se qué globalización, no se qué periódico hasta convertir lo que “a nadie y nada representa” en gran titular, eso sí, para ridiculizar, insultar, menospreciar y satanizar a convocantes y convocados. Entre los que así actúan los había de los autoproclamados universalistas, de los que presumen de ser ciudadanos del mundo, internacionalistas, esos que levantan todas las banderas y causas menos la de su pueblo. Los había de los que sólo entienden que las cosas son blancas o negras, rojas y gualda y que por negar hasta hace muy poco negaban hasta la del arco iris. Los había que sacaban de la chistera los grandes argumentos, la Unión Europea, la mundialización, el fin de las fronteras, vamos, los mismos que por otro lado montan un salpafuera por el diminuto islote de Perejil, se encolerizan porque alguien cuestione que la fiesta nacional siga consistiendo en matar a un animal o que infantilmente linchan a un presidente de una multinacional futbolística por no considerarse español. Eso por no querer descender mucho, casi al inframundo donde se mueven algunos arribistas locales. Esos que podríamos denominar banderilleros, porque sólo sirven para hacerle el juego sucio al “torero”, para ganar un “puestito” en su cuadrilla; esos que sólo están para sacarlo en volandas de la plaza, hasta que sea a él al que le pongan los cuernos o le corten la coleta. Por cierto, hablando de personajes de la farándula, el concejal del PP de Santa cruz de Tenerife, el Gran hermano VIP, Brito Arceo, ha pedido al alcalde de esa ciudad que cese a uno de sus concejales y asesores por haber acudido este pasado fin de semana a una manifestación democrática, pacífica y legalizada por la independencia de Canarias que se celebró en esa isla. La razón que argumenta este “figura” que se pasó dos meses dentro de un reality show de Tele 5 sin que se le cayera la cara de vergüenza al tiempo que cobraba su sueldo de concejal de gobierno, es que alguien que reivindica la independencia de las islas no puede seguir cobrando de una institución pública. Vaya friky.

Dicen que la palabra pendón tiene varias acepciones. Una hace referencia a aquella persona de vida irregular; otra a aquel banderín de uso medieval que fue avanzadilla de las actuales banderas sólo que con reminiscencias un tanto oscuras. Sinceramente no sé si quedarme con una o con otra para caracterizar a quienes con su comportamiento, con su actitud, actúan con el espíritu de los pendones del medievo colonial o como aquellos otros que para mantener su “vida irregular” necesitan plegarse al viejo régimen, al nuevo orden o al pensamiento único actual según les convenga o les dicte su estómago o su limitado concepto de la democracia y la pluralidad.

A lo mejor, con el tiempo, hay quien acepta que vivir en comunidad lleva estas cosas, aceptar que otros no tienen porqué pensar y sentir igual, que las banderas y las causas tienen derecho a existir todas precisamente para que podamos vivir en paz; que las constituciones están para cumplirse sí, pero si no dejan en papel mojado lo que es importante de verdad, todos aquellos otros derechos que otorgan también libertad, bienestar, educación, vivienda y dignidad a los pueblos y no sólo nacionalidad. Mientras eso no ocurra habrá banderas que reivindicar, banderilleros que desenmascarar y pendones a los que mandar a casa para que no hagan el ridículo más.







...

Versión imprimible.
Volver a opiniones...

ULTIMAS 7 OPINIONES

NUESTRA MALA EDUCACIÓN
Está a punto de comenzar un nuevo curso escolar, y por cierto algunas comunidades autónomas han a...
¿QUIÉN ME LO PUEDE EXPLICAR?
Lógicamente esta pregunta genérica que hago tiene destinatario concreto y no es otro que el ...
Deberes Autonómicos
La salida global de la crisis no es algo que ataña solo a la responsabilidad del Estado. Es ...
La Reforma laboral.
La primera idea es que España requiere una verdadera reforma laboral. Lo han dicho con elocuente ...
EL ALCALDE DE TELDE CREE QUE LA CERRAZÓN DE TELECINCO PUEDE ESCONDER OTROS INTERESES
El primer edil cree que las prisas y el interés de la cadena de televisión privada pueden tener...
¿Ajuste Temporal o Cambio de Actitud?
La situación actual de la Comunidad Canaria es que aún partiendo de un presupuesto austero pa...
LA TÉCNICA DEL AVESTRUZ
Hace unos días, la Concejala de Gobierno de Solidaridad, Régimen Interior y Nuevas Tecnologías...
Director : J.Santaella - Redactor Jefe : Antonio Uche ( Tlf. 628 014 250 )
Redactores : Manuel Medina - Ramón Ortega
Corrección de estilos : C.Canino.
Publicidad y Marketing Tlf 680 440 403 - Email: redaccion@teldeahora.es - direccion@teldeahora.es
Página web realizada por Weblaspalmas.es